Víctor Turcios. Pastor.
La mayor barrera para la expansión del evangelio no siempre es externa… a veces está dentro de nosotros. No en leyes ni gobiernos, sino en los prejuicios personales que hemos alimentado por años: ideas inconscientes, zonas de comodidad, esquemas culturales o eclesiásticos que levantamos como muros invisibles. Y muchas veces, esos muros están impidiendo que alguien más escuche el mensaje de salvación.
Eso es exactamente lo que enfrentó Pedro en Hechos 10.
Dios interrumpe para confrontar.
Pedro estaba orando en la azotea cuando el cielo se abrió. Un lienzo descendió con animales “impuros”. Una voz le ordenó: “Levántate, mata y come.” Pedro se resistió con fuerza:“Señor, jamás he comido nada común o inmundo.”Su conciencia religiosa, su tradición, su identidad cultural… todo en él se negaba a cruzar una línea. Pero Dios la cruzó primero.
“Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.” (Hechos 10:15)
Dios no hablaba solo de comida. Estaba derribando una barrera mucho más profunda: el prejuicio del corazón.
Un gentil llamado Cornelio.
Mientras Pedro debatía con Dios, tres hombres enviados por un centurión romano tocaban a su puerta. Cornelio era un hombre devoto, generoso, temeroso de Dios… pero no salvo. Necesitaba escuchar el evangelio.Y Pedro, aún confundido, obedeció.
Fue a la casa de un gentil —algo que nunca habría hecho por iniciativa propia— y cuando entró, encontró a Cornelio con su familia y amigos esperando con expectativa. Pedro entendió finalmente: “Dios no hace acepción de personas.” (Hechos 10:34). Y entonces predicó.Con valentía. Con claridad. y con pasión. “Jesús vivió haciendo el bien, murió en una cruz por nuestros pecados, resucitó al tercer día, y ahora todo aquel que cree en Él recibe perdón de pecados por su nombre”.
Mientras aún hablaba, el Espíritu Santo descendió sobre ellos. Cornelio y sin duda algunos o todos de los que escucharon a Pedro creyeron en Cristo para el perdón de sus pecados y fueron salvos!
¿Qué te está deteniendo a ti?.
Dios sigue llamando a creyentes, líderes y plantadores a cruzar barreras:
- Barreras culturales.
- Barreras generacionales.
- Barreras ideológicas.
- Barreras sociales.
Y sí, muchas veces barreras creadas por nosotros mismos, por nuestro trasfondo, nuestro temor, o nuestra comodidad.
¿Y si hay un “Cornelio” esperando al otro lado?¿Y si hay una casa llena de personas listas para creer… pero tú aún no has ido?¿Qué pasaría si decides obedecer a Dios más allá de tu prejuicio personal?
Un llamado urgente.
El evangelio no se detiene. Pero muchas veces, nosotros sí.Y cuando eso pasa, el problema no es falta de recursos ni de poder espiritual. Es falta de obediencia radical.
Dios no necesita más expertos. Necesita más siervos obedientes.Que digan: “No entiendo todo, pero iré.”“Nunca lo he hecho así, pero si el Señor lo pide, lo haré.”
Pedro nunca imaginó predicar en una casa gentil… hasta que Dios lo confrontó.Tú tampoco sabes a dónde Dios te puede llevar si le dices que sí.
Ora a Dios por que te libere de cualquier prejuicio que te impida predicar el evangelio:
“Señor, muéstrame mis prejuicios ocultos. Líbrame de la comodidad que paraliza. Quiero obedecerte incluso cuando me saque de lo conocido. Llévame a personas que necesitan escuchar de Ti. Ayúdame a verlas como Tú las ves. Amén.”
Rétate hoy: Obedece a Dios más allá del prejuicio. Predica donde nunca pensaste. Cruza la calle, la ciudad, o el continente… si Él lo pide.
Porque al otro lado, alguien está esperando escuchar de Jesús.