Actualizado: 8 ene
Por Victor Turcios. Pastor.
Vivimos en un mundo moderno que se jacta de su racionalidad, su ciencia y su independencia espiritual. Sin embargo, detrás de los conflictos visibles —ansiedad, adicciones, apatía espiritual, destrucción familiar, orgullo desenfrenado, odio, y confusión de identidad— hay una realidad invisible y poderosa: la guerra espiritual.
La Biblia no la trata como una metáfora, sino como una urgencia. El apóstol Pablo, desde una prisión romana, escribió a la iglesia en Éfeso una carta que culmina con este clamor:
“Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios…” (Efesios 6:10–11).
Y es que esta guerra no se libra contra personas, partidos, ideologías o culturas. Pablo lo dice sin rodeos:
“…no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo…” (Efesios 6:12).
Esta advertencia fue dirigida a toda la iglesia. Porque la guerra espiritual es real, pero en muchas iglesias y en muchos creyentes, es una verdad ignorada.
¿Por qué la ignoramos?
Tal vez porque es más cómodo pensar que nuestros problemas son solo emocionales o sociales. Tal vez porque no queremos aceptar que hay una agenda demoníaca operando detrás del pecado, del engaño, del orgullo y de la indiferencia hacia Dios. O quizás porque no nos gusta la idea de tener que pelear y resistir cada día.
Pero lo cierto es que, quieras o no, ya estás en medio del conflicto. La pregunta no es si estás en guerra, sino si estás consciente y equipado.
Y aquí viene la advertencia clara: Satanás no viene a molestarte. Viene a destruirte.
- Viene por tu matrimonio, sembrando indiferencia, tentación y amargura.
- Viene por tus hijos, usando el entretenimiento, el relativismo y la confusión de identidad.
- Viene por tu integridad, susurrándote que el pecado oculto no es tan grave.
- Viene por tu liderazgo, erosionándolo con orgullo, agotamiento y compromisos pequeños que se vuelven grandes.
- Viene por tu mente, llenándola de mentiras, dudas, y pensamientos destructivos.
Y si no estás vestido con la armadura de Dios, no podrás resistir sus ataques.
Una estrategia olvidada
El gran peligro no es solo ignorar la guerra, sino también descuidar el equipo que Dios nos ha dado para enfrentarla. Pablo menciona una armadura espiritual, y cada parte representa una verdad esencial del evangelio necesaria para resistir y avanzar:
- La verdad como cinturón que sostiene todo. (Juan 17:17)
- La justicia como coraza que protege el corazón. (2 Corintios 5:21)
- La paz del evangelio como calzado que da firmeza. (Romanos 5:1)
- La fe como escudo contra los dardos del maligno. (Hebreos 11:1)
- La salvación como yelmo que guarda la mente. (1 Tesalonicenses 5:8)
- La Palabra de Dios como espada viva y eficaz. (Jeremías 23:29)
Y todo esto debe estar bañado en oración continua, porque sin comunión con el Comandante, el soldado se desconecta, se enfría y se expone.
La meta no es solo resistir, es proclamar
Muchos piensan que la armadura es solo para sobrevivir. Pero Pablo, al final del pasaje, pide oración no para ser protegido, sino para seguir predicando el evangelio con valentía.
“…para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio…” (Efesios 6:19).
El objetivo de resistir al diablo no es quedarnos en una burbuja espiritual, sino avanzar proclamando a Cristo. Satanás no solo quiere silenciarte con miedo o distracción. Quiere que pierdas tu voz, tu testimonio y tu fuego. Y si tú no hablas, el Reino no avanza por tu boca.
Una invitación urgente y gloriosa
La guerra espiritual es una verdad ignorada por muchos, pero está drenando la fe, la pasión y la estabilidad de miles de creyentes que no han tomado en serio la advertencia de Efesios 6.
Hoy es el día de despertar. Hoy es el día de revisar tu armadura. Hoy es el día de fortalecer tus rodillas, tomar la espada de la Palabra y vivir cada hora conectado en oración.
Pero no lo hagas con miedo… Hazlo con valor. Hazlo con pasión. Hazlo con la convicción de que esta guerra no es una maldición, sino una misión gloriosa. Es el privilegio de pelear del lado del Rey vencedor. Es el honor de avanzar contra las tinieblas sabiendo que el infierno no prevalecerá contra la iglesia (Mateo 16:18).
¡No estás en una historia de derrota, sino en una aventura celestial donde Cristo ya venció! Y ahora te toca a ti conquistar en su Nombre, resistir con su poder, y proclamar su victoria. Esto no es solo sobrevivencia: ¡es una aventura espiritual donde el Reino avanza y tú eres parte del ejército triunfante!
“Cristo venció en la cruz. Pero tú debes resistir cada día, como hijo de Dios seguro de tu salvación y vestido de toda la armadura de Dios.