El tribalismo en la iglesia y en las redes o movimientos de iglesias. (Ensayo)

by | 17 May 2025 | Pastores / Líderes

Entre La Prioridad de Extender el Reino de Dios y la Construcción de Reinos Humanos. Pastor Víctor Turcios.

Introducción: El tribalismo en las estructuras de iglesia conectadas regionalmente

El tribalismo, lejos de ser un vestigio de estructuras primitivas, es una fuerza activa que influye en comunidades, instituciones y movimientos actuales. En el contexto eclesial, este impulso se manifiesta tanto a nivel de congregaciones locales como en redes y movimientos de iglesias. Aunque puede promover identidad y cohesión, también puede sustituir la centralidad de Cristo y la expansión del Reino de Dios por la lealtad a líderes, tradiciones o culturas internas. Este ensayo explora el tribalismo desde una perspectiva sociológica y bíblica, integrando también el análisis de pensadores cristianos, con el fin de alertar sobre su potencial deformador en la misión del evangelio.

1. Tribalismo sociológico: del clan a la red eclesial moderna

Desde la sociología, el tribalismo representa una forma de pertenencia que define al individuo por su inclusión en un grupo cerrado con límites simbólicos definidos. Michel Maffesoli, introduce el concepto de “neotribalismo” como una característica posmoderna: microgrupos emocionales y simbólicos que ofrecen sentido, protección y cohesión en medio de una sociedad fragmentada. En el contexto eclesial, esto se traduce en grupos o redes de iglesias que desarrollan una identidad tan marcada que comienza a reemplazar la identidad en Cristo por una cultura organizacional, un estilo de liderazgo o una metodología particular. Así, se eleva la lealtad institucional por encima de la fidelidad bíblica.

Este tipo de tribalismo eclesial conduce a dinámicas como el rechazo a lo diferente, la imitación constante de modelos internos sin examen bíblico, y la reproducción de estructuras humanas más que de principios del Reino basados en la bíblia. El sociólogo cristiano Os Guinness advierte que, cuando una iglesia deja de ser contracultural en su testimonio, puede volverse subcultural, encogida en su tribu. En lugar de ser luz para el mundo, se convierte en una cámara de eco que repite su propia narrativa.

La Biblia, sin embargo, llama a los creyentes a una identidad superior. En 1 Pedro 2:9, Pedro declara que somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”, lo cual implica una identidad espiritual que trasciende estructuras humanas. El Reino de Dios no está atado a una forma, ni a una red de iglesias, sino a la persona de Cristo y su obra redentora. Pertenecemos a Dios no a una estructura, Por tanto, toda tribu eclesial que no se somete al señorío de Cristo corre el riesgo de caer en idolatría estructural.

2. Tribalismo eclesial: cuando la identidad grupal reemplaza la identidad en Cristo

El tribalismo eclesial emerge con fuerza cuando la pertenencia a una iglesia, red o movimiento se convierte en la base principal de identidad del creyente. Es el paso sutil de afirmar “soy cristiano” a decir “soy de esta iglesia o de esta red o movimiento” como si esa identificación asegurara rectitud o fidelidad doctrinal y el estilo de vida biblico. En la iglesia de Corinto, el apóstol Pablo confronta esta misma lógica cuando dice: “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo?” (1 Corintios 1:12-13). Pablo denuncia el fraccionamiento espiritual basado en lealtades humanas que fragmenta el cuerpo de Cristo.

En el contexto actual, esta dinámica se observa en iglesias que consideran sus tradiciones, estilos de adoración o estructuras de liderazgo como superiores, despreciando a otras expresiones cristianas. A menudo, se llega a declarar que “solo aquí está la sana doctrina” “Somo únicos y nadie más es como nosotros” “Nuestro módelo de plantación, establecimiento y multiplicación de discipulos o iglesias es original e infalible” o que “esta es la verdadera iglesia”, cayendo en una lógica sectaria. La Dra. Christine Pohl, teóloga y socióloga cristiana, señala que la comunidad cristiana debe construirse sobre la hospitalidad del evangelio, no sobre lógicas de inclusión y exclusión arbitrarias. El tribalismo aisla a los que proponen ideas distintas y crea fronteras, que el evangelio derriba.

La Biblia enseña claramente que nuestra unidad está en Cristo. En Gálatas 3:28, Pablo afirma que “ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Esta declaración, radical para su época, sigue siendo el fundamento para combatir el tribalismo en la iglesia contemporánea. Toda identidad grupal debe estar subordinada a la identidad que tenemos en el Hijo de Dios, no en nuestros logotipos, apellidos ministeriales o formatos organizacionales.

3. Tribalismo y la sustitución del Reino de Dios por reinos locales o ideológicos

Uno de los efectos más peligrosos del tribalismo eclesial es la sustitución práctica del Reino de Dios por pequeños reinos humanos, locales o ideológicos. Las redes de iglesias, que comenzaron con visión misionera y unidad en torno a la Palabra, pueden transformarse en instituciones que buscan expandir su nombre, su metodología o su legado antes que el evangelio. En este contexto, se confunde crecimiento con afiliación, lealtad con silencio, expansión con replicación, liderazgo de servicio por un liderazgo de intimidación.

Jesús estableció un Reino que no era de este mundo (Juan 18:36) y cuya extensión debía llegar “hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Sin embargo, cuando una red o denominación enfoca todos sus esfuerzos en forzar la multiplicación iglesias idénticas, con el mismo estilo, lenguaje y cultura, eliminando la autoridad del pastor local y como Dios lo ha diseñado con dones, personalidad, sueños, y capacidades únicas, pierde la esencia del Reino: Su carácter multicultural, su llamado a todas las naciones y su base en la gracia, no en la estructura. El Dr. Lesslie Newbigin afirmaba que toda iglesia debe estar en constante conversión, abierta a la reforma según el evangelio, y no absolutizando su cultura eclesial como si fuera norma divina.

Mateo 28:19-20 expresa con claridad el mandato de Jesús: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Este imperativo misionero no lleva la intención de copiar estructuras humanas, sino de formar discípulos obedientes a Cristo. Cuando el centro deja de ser la obediencia a Cristo y se convierte en la promoción de un modelo, estamos edificando un reino humano, no el Reino eterno de Dios.

4. Tribalismo y abuso de autoridad en defensa de la cultura interna

Uno de los aspectos más peligrosos del tribalismo eclesial es su capacidad para justificar el abuso de autoridad en nombre de la protección del grupo. Cuando una iglesia o red de iglesias convierte su cultura interna en un estándar absoluto, todo lo que atente contra esa cultura se percibe como una amenaza que debe ser contenida. Así, el liderazgo comienza a operar no como siervo del evangelio, sino como guardián de un sistema a convertir a miembros y líderes que que proponen algo distinto como oposición y rebeldía al sistema.

Esto se traduce en la represión de la crítica saludable, la descalificación de voces que proponen distinto, un estílo de liderazgo verticalista que concentra el poder en figuras centrales que apelan a una autoridad incuestionable. En muchos contextos, los errores doctrinales, los pecados de líderes, o las prácticas nocivas son ocultadas para no dañar la reputación de la tribu. El Dr. Scot McKnight lo llama “el colapso del carácter pastoral”, cuando las estructuras protegen a los suyos en lugar de obedecer la verdad. Es el riesgo de reemplazar el liderazgo siervo por un liderazgo tribalista.

Jesús, en Mateo 20:25-28, enseñó claramente que en su Reino el modelo de autoridad no se basa en dominación, sino en servicio: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean… pero entre vosotros no será así; sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Esta enseñanza pone en jaque cualquier estructura autoritaria que se justifique por razones de protección institucional. Si un movimiento cristiano usa el poder para conservar su imagen en lugar de buscar la santidad y la justicia, ha perdido de vista al verdadero Rey.

Además, cuando las redes de iglesias desarrollan culturas internas rígidas, estas se vuelven terreno fértil para el legalismo y la manipulación espiritual. Las decisiones se justifican no por principios bíblicos sino por “lo que siempre hemos hecho aquí”, y los líderes que cuestionan esa cultura son marginados. En este contexto, el tribalismo se convierte en una forma de idolatría colectiva que desplaza la autoridad de la Palabra de Dios y eleva a la cultura organizacional como norma suprema.

5. Redención del tribalismo: unidad sin uniformidad, lealtad a Cristo sobre todo

A pesar de sus riesgos, el tribalismo puede ser redimido cuando la comunidad cristiana entiende su rol como parte de un cuerpo más amplio, donde la unidad no exige uniformidad y donde la lealtad está centrada en Cristo, no en estructuras humanas ni en la figura de personas. El deseo de pertenencia, propio del tribalismo, puede ser canalizado positivamente en la formación de comunidades centradas en cumplir La Gran Comisión y que vivan la koinonía bíblica sin caer en sectarismos.

La Biblia reconoce la diversidad dentro de la unidad del cuerpo. En 1 Corintios 12, Pablo compara la iglesia con un cuerpo donde cada miembro cumple una función distinta, y todos dependen unos de otros. Esta imagen desmantela la idea de que una sola forma de ser iglesia es válida. Efesios 4:4-6 también señala que hay “un solo cuerpo y un solo Espíritu… un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”, subrayando que la unidad cristiana es espiritual y doctrinal, no necesariamente cultural o metodológica.

El pastor y autor Timothy Keller afirma que la verdadera unidad cristiana no nace de compartir el mismo estilo, sino de compartir la misma gracia. Así, una red o denominación puede tener identidad sin idolatrarla, puede tener cultura interna sin absolutizarla, puede tener propósitos en común sin que sean obligatorios y puede fomentar el compromiso sin coacción, intimidación y sin exigir sumisión ciega.

Cuando el tribalismo se somete a Cristo, puede servir para fomentar comunidad, compromiso misionero y sentido de propósito. Pero esto solo ocurre cuando la identidad del grupo está constantemente sujeta al juicio de la Palabra de Dios y abierta a la corrección del Espíritu. La iglesia que se sabe parte del Reino no teme a la diversidad, sino que la celebra como reflejo de la gloria de Dios entre todas las naciones.

6. Conclusión: Un llamado a la reforma desde el Reino, no desde la tribu

Tanto las iglesias locales como las redes o movimientos conectadas regionalmente están llamadas a un examen profundo: ¿estamos extendiendo el Reino de Dios o simplemente reforzando nuestras estructuras? ¿Estamos promoviendo a Cristo o consolidando nuestro legado institucional? ¿Estamos potenciándo la influencia de liderazgos emergentes que entienden mejor la cultura actual para hacer ministerio o los estamos reprimiendo? La reforma eclesial comienza con el reconocimiento de que el Reino de Dios no gira en torno a una cultura, una denominación, una metodología, o la personalidad y posición de un lider o estructura vertical de liderazgo sino en torno al señorío de Cristo y su Palabra.

El tribalismo se vuelve peligroso cuando suprime la misión, deforma la doctrina, margina al diferente y exalta el grupo por encima del Reino. En lugar de formar discípulos, forma militantes. En vez de sembrar iglesias que reflejen a Cristo, reproduce instituciones que se parecen más a su fundador que al Fundador de la fe.

Jesús nos enseñó a buscar “primeramente el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33), no la expansión de nuestros nombres o estructuras. El Reino que él vino a instaurar es justo, inclusivo, santo, universal, contracultural y eterno. La iglesia debe reflejar ese Reino, no competir con él. Las redes, denominaciones y movimientos deben ser instrumentos del Reino, no fines en sí mismos.

Solo una iglesia, red o movimiento de iglesias que renuncia a su tribalismo y abraza su vocación como embajadora del Reino eterno podrá ser sal y luz en medio de este mundo multiplicándose saludablemente, dandole lugar a un liderazgo emergente, encontrando la virtud en el pensamiento distinto.  

Reformar nuestras estructuras desde la obediencia a Cristo y la sumisión a su Palabra no es opcional: es urgente, es bíblico, y es glorioso, De lo contrario será la base para para perder el talento de liderazgo de alto rendimiento que piensa distinto viendolo como amenaza del sistema, será la base para caer en lo obsoleto, en mantener y conservar a través del control en lugar de multiplicarse y expandirse. 

Como dijo el apóstol Pablo a los corintios: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). Toda red, toda iglesia y todo líder debe asegurarse de no edificar sobre la arena de la tradición tribal, sino sobre la roca eterna del Reino de Dios revelado en Cristo. Ese fundamento es suficiente, firme y eterno. Sobre él vale la pena construir.